sábado, 8 de enero de 2011

Abajo el muro,
las cuadradas estructuras
que supuse infalibles,
este luto sin orgullo,
el imperfecto aislamiento,
las noches placidamente insensible.
Abajo este miedo
a las puertas de la dicha,
la vieja manía de adivinar resultados inciertos,
la triste rutina de soñar primaveras
y no vivirlas.
Abajo el amor impotente
frente a las personas importantes,
el temor a la felicidad,
el miedo a los cambios,
el pasado triste que condena a cuenta al futuro.
Hay un viento nuevo que me despeina,
temblores que sacuden mi refugio,
a esta fortaleza que sin querer, construí.
Hay una nueva luz que intenta ingresar por mi ventana,
cincel y martillo golpeando mis paredes
para tirar abajo la desesperanza y el miedo,
robar mi indiferencia y pulverizar
sin misericordia mi pasado.
Ya es hora de echar a patadas a la soledad.