Mujer, hemos sido capaces
de renunciar a lo irrenunciable
al amor que nos tanteo el corazón
buscando en la penumbra refugio.
Con mis manos sosteniendo tu cara
con mi cara atrapada en tus manos
obligamos a la mirada esquiva
a posarse fija en los ojos.
y como espejos nos reflejamos
honrados, alabados, incrédulos
como si de ello dependiera
muchisimo el mundo.
Enredados, devorados
muertos y resucitados,
sedientos nos bebimos
todos los besos, todos los perfumes
y en aquel instante,
al cual ahora regreso
la vida fue cierta
y el desenlace inevitable
Doce inviernos han pasado,
no se desacostumbro mi cuerpo
a la danza de tus senos
a nuestra sincrónica reparación
una pizca de primavera
florece al recordarte
como si de nuevo despertáramos
juntos, riendo, despeinados
miércoles, 22 de diciembre de 2010
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