La taciturna niebla que llega a despoblarme
de la humanidad polvorienta, los caminos y las rosas
se lleva también al mar bravío.
Cegada la ruta del hombre, resplandece el silencio.
La ciudad se ha ido pero puedo palparla
detrás de ese olor que moja la cara.
Mi voz es pregunta invisible
que por temor nadie responde y de la que todos huyen-
Como detrás de una copa opaca transcurre la vida
una verdad misteriosa que no reconocemos,
calles sin nombre y sin cordones,
cielo sin pajaros ni nubes.
Con pasos ciegos recorro el camino
con el placer amargo de los desesperados,
iluminado por la cruel realidad e mi destino
te seguiré mirando... te seguiré mirando.
domingo, 3 de enero de 2010
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