Cuantas olas han pasado
sumergido en el asfalto candente
de una multitud indiferente.
Cuanta luna fosforecio en el mar
envuelto en saludos ordinarios,
en repeticiones constantes.
Cuantos soles enfriados en tu profundidad
mientras aquí
hay un crepúsculo pobre de ciudad
El humo que expulso y que a tu orilla no llega,
el enfermizo edificio que aleja,
el cielo que sin estrellas te acerca.
Hoy que hacia tu latido marcho,
¡que plena resulta la misma vida de ayer!
¡que firmeza en los pasos, que saciada va el alma!
en las arenas que te recogen
dejare caer mis mieles y mis piedras...
para escucharte... para decirte.
martes, 9 de febrero de 2010
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