No es la misma penumbra
que acompañaba nuestros pasos
la que hoy ensombrece las calles
pero hay detalles que ayer no veía
cuando caminaba junto a ti.
Seré yo quien recuerde tu voz
desgranada como una espiga,
tu carcajada rompiendo la noche,
tu paso corto, tu geografía,
el claroscuro que las luces y sombras
dibujaban en tu cuerpo.
Tu te habrás olvidado
lo que entonces pensabas
cuando nos caía el silencio
y venias a mi para llorar o nacer,
a defenderte de los desengaños,
a refugiarte o reinventarte.
Aveces el tiempo se moría,
un sol sorpresivo nos manchaba la piel
y el mundo para mi existía
porque tu estabas allí,
dejandote barrer las penas
librándote del peso cruel de tus sombras.
Rey sin reino me sentía
deshabitado pero pleno,
gritandote con los ojos
mi amor desesperado,
guardándome los besos,
ocultando las manos.
Eras una ola de amor que amenazante
se extendía hasta cubrirlo todo,
eras mi manera de estar vivo,
mi poesía que torpe y novata
comenzaba a nacer.
Poco a poco se arrimaba el día
iluminando tu cabello enmarañado,
disimulando mis latidos entre gorriones,
extendiendo la belleza del mundo en tu rostro.
Me despedia saciado y pleno
de tu belleza y aroma,
llevándome la ultima gota de tu tristeza
el aire limpio de tu aliento,
con la inmóvil valentía de mis labios
y una suave brisa inoportuna
que siempre me robo tu ultimo beso.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
jueves, 27 de agosto de 2009
Es mi deber vivir cada día,
morir cada noche entre mi tinta.
El claro día me trae:
el reflejo de los bosques,
el nacimiento sin vergüenza
de nuevos tiranos,
la ola verde vestida de esperanza,
zapatos sin camino,
muchedumbre que arde y abandona,
plegarias incomprensibles y repetidas,
cinturas de mujeres inalcanzables,
reclamo por los errores y dolores,
humito justiciero y alegre,
crímenes innecesarios,
cerveza despreocupada y fresca,
recuerdos de los brazos que faltan,
ropa que al sol se seca,
restos de un dolor añejo,
examenes aprobados sobre la locura,
cajones vacíos o de llave extraviada,
retazos de lluvia helada y vieja
hojas agonizantes en arboles altos,
manantiales de posibles imposibles.
La noche arrima a mis paginas cansadas:
las conclusiones del sol,
largas y absurdas explicaciones,
nacimiento de tinta negra o azul,
soledades y vinculos perdidos,
manos que aprietan y matan,
miserias propias, incertidumbre ajena,
testamento del día,
descripciones,
salvajes diálogos internos,
calendario de meses vencidos,
sombras que vuelven una y otra vez,
ciegos, mudos e infelices doctores,
vuelos de pajaros con o sin jaula,
gruesas cadenas rotas
valentonadas de minutero,
furias que se desmayan
voz ausente de su boca,
comienzo y final del universo
profesias y dioses nuevos
piedra frágil, rosa endurecida
agradezco, entonces, mi nocturna agonía,
me costo mucho aprender a morir.
morir cada noche entre mi tinta.
El claro día me trae:
el reflejo de los bosques,
el nacimiento sin vergüenza
de nuevos tiranos,
la ola verde vestida de esperanza,
zapatos sin camino,
muchedumbre que arde y abandona,
plegarias incomprensibles y repetidas,
cinturas de mujeres inalcanzables,
reclamo por los errores y dolores,
humito justiciero y alegre,
crímenes innecesarios,
cerveza despreocupada y fresca,
recuerdos de los brazos que faltan,
ropa que al sol se seca,
restos de un dolor añejo,
examenes aprobados sobre la locura,
cajones vacíos o de llave extraviada,
retazos de lluvia helada y vieja
hojas agonizantes en arboles altos,
manantiales de posibles imposibles.
La noche arrima a mis paginas cansadas:
las conclusiones del sol,
largas y absurdas explicaciones,
nacimiento de tinta negra o azul,
soledades y vinculos perdidos,
manos que aprietan y matan,
miserias propias, incertidumbre ajena,
testamento del día,
descripciones,
salvajes diálogos internos,
calendario de meses vencidos,
sombras que vuelven una y otra vez,
ciegos, mudos e infelices doctores,
vuelos de pajaros con o sin jaula,
gruesas cadenas rotas
valentonadas de minutero,
furias que se desmayan
voz ausente de su boca,
comienzo y final del universo
profesias y dioses nuevos
piedra frágil, rosa endurecida
agradezco, entonces, mi nocturna agonía,
me costo mucho aprender a morir.
Este oasis me pertenece,
es mi propiedad mas privada
y a el recurro cuando me quedo sin fe,
sin osadía, sin nada.
Cuando los desastres del alma
asoman con sus desolaciones y dogmas
me aferro a las ultimas fabulas
que me habitan y me sanan.
En mi lugar de salvación
no hay nieblas ni lluvias
(aunque pueda la lluvia aveces curar)
no hay croquis, ni planes para vivir.
No hay tedio, no me siento menesteroso,
ni altivo, clandestino, dudoso,
oscuro, fuerte, payasesco
solo espero y no desespero.
En mi paraíso mental
donde a diario me refugio
el silencio se abre
no hay mas mundo que este blanco que ciega.
sin calambres ni desolaciones
pasa la sombra y deja sombra,
pasa la madrugada sin luna ni soles
pasa el tiempo sin presente.
Que me dejen por un rato en este mundo
en el cual no existen mundos
que me dejen mis costumbres y resacas
y que el tiempo pase, sin pasar del todo.
es mi propiedad mas privada
y a el recurro cuando me quedo sin fe,
sin osadía, sin nada.
Cuando los desastres del alma
asoman con sus desolaciones y dogmas
me aferro a las ultimas fabulas
que me habitan y me sanan.
En mi lugar de salvación
no hay nieblas ni lluvias
(aunque pueda la lluvia aveces curar)
no hay croquis, ni planes para vivir.
No hay tedio, no me siento menesteroso,
ni altivo, clandestino, dudoso,
oscuro, fuerte, payasesco
solo espero y no desespero.
En mi paraíso mental
donde a diario me refugio
el silencio se abre
no hay mas mundo que este blanco que ciega.
sin calambres ni desolaciones
pasa la sombra y deja sombra,
pasa la madrugada sin luna ni soles
pasa el tiempo sin presente.
Que me dejen por un rato en este mundo
en el cual no existen mundos
que me dejen mis costumbres y resacas
y que el tiempo pase, sin pasar del todo.
DESORDEN
“El refugio” es un caos.
Mi lugar de duración es una habitación cuadrada abarrotada de libros, muchos de ellos no ocupaban su espacio correspondiente en la enorme biblioteca, viven desparramados por cualquier rincón, dependiendo de las ganas, de las necesidades o de la búsqueda de cada día. Una mesa con cuatro sillas de cuerina blanca, un sillón de tres plazas, dos enormes ventanales, dos escritorios, un pequeño bar improvisado, una cama de dos plazas, un placar, un perchero y una silla negra con apoya brazos que desentona, forman "el refugio"
Sobre la mesa “seis atados de cigarrillos vacíos, uno lleno, 5 CD llegados desde España, una carpeta de computación, una colección de libros de historia que aun no tienen su propio lugar, un cenicero abarrotado de colillas, otro mas, el del escritorio que en algún momento inconsciente traslade, un cuaderno con poesías prácticamente abandonado, un horario de cine, un plato con su respectivo vaso, un desodorante Colbert, mi carpeta de datos inútiles, dos pañuelos, dos posters , el control remoto del televisor, dos encendedores, una bolsa de Musimundo, un papel de regalo sin regalo, la guía de teléfonos, un diario “Ole”, el celular, las llaves, un recorte del diario, y debajo de todo eso tierra.
Sobre el piso y al pie del sillón: un par de zapatillas, los zapatos viejos, el par nuevo un poco mas alejado, como marcando diferencias sociales con el resto, una revista Ñ en el piso, los almohadones desparramados, una camisa sin estrenar, un pulóver abollado.
Ni siquiera las sillas escapan al desorden, ninguna permanece en línea con la mesa, y en ellas, una campera blanca colgada, una remera aplastada como si fuera un cojín.
Los libros parecen moverse por las noches, nunca aparecen donde creí dejarlos el día anterior, el televisor mudo y triste, mira hacia la mesa, ya no apunta hacia la cama deshecha.
Hay un par de manchas nuevas sobre la alfombra, una seguro que de whisky, la otra imprecisa, un celofán de cigarrillos, sobre la cajonera: una bolsa con ropa para donar, una hoja de periódico con frases celebres.
Una pila de compact descansa sobre la discriminada silla negra que se refugia en un rincón, en el bar: una botella de ron sin abrir otra de whisky a punto de fallecer.
No aparecen las lapiceras, parece que se han sumado al complot que me obliga al silencio.
Al pie de la cama, sobre el franco izquierdo si la vemos de frente cuatro libros; “París era una fiesta” de Hemingway, “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer, una antología poética y “ La Profanación” de Juan Carlos Iglesias y Claudio Negrete
Semejante desorden debe ser sin dudas un reflejo del alma, un indicio de quilombo interno.
Lo peor del caso es que ni siquiera tengo ganas de ordenar, en ningún momento se me cruzo por la cabeza poner orden, hacer limpieza, tirar, desechar lo inservible, destruir ese sub. mundo que existe sobre la mesa y recuperar su madera.
Como tampoco tengo ganas o fuerza o interés o agallas o como quieran llamarlo para dejar al descubierto ciertos vacíos internos y externos.
El aire varía sus aromas. Aveces huele a rutina, a pasos perdidos, a desorientación. Aveces a vicio, a cigarrillos encendidos uno tras otro, a densidad, a falta de luz natural, a ausencia. Y otras, huele a sahumerio, a jazmín ingresando por mi ventana, a montaña, a esperanza y sueños relucientes.
Y hay ruido, mucho ruido.
Ruido a silencio que aturde, ruido a ella en mi cabeza, ruido a sangre corriendo por las venas, ruido a canturreo de mi boca arreglando la habitación, ruido a nada... que aveces me hunde y aveces me salva.
Mi lugar de duración es una habitación cuadrada abarrotada de libros, muchos de ellos no ocupaban su espacio correspondiente en la enorme biblioteca, viven desparramados por cualquier rincón, dependiendo de las ganas, de las necesidades o de la búsqueda de cada día. Una mesa con cuatro sillas de cuerina blanca, un sillón de tres plazas, dos enormes ventanales, dos escritorios, un pequeño bar improvisado, una cama de dos plazas, un placar, un perchero y una silla negra con apoya brazos que desentona, forman "el refugio"
Sobre la mesa “seis atados de cigarrillos vacíos, uno lleno, 5 CD llegados desde España, una carpeta de computación, una colección de libros de historia que aun no tienen su propio lugar, un cenicero abarrotado de colillas, otro mas, el del escritorio que en algún momento inconsciente traslade, un cuaderno con poesías prácticamente abandonado, un horario de cine, un plato con su respectivo vaso, un desodorante Colbert, mi carpeta de datos inútiles, dos pañuelos, dos posters , el control remoto del televisor, dos encendedores, una bolsa de Musimundo, un papel de regalo sin regalo, la guía de teléfonos, un diario “Ole”, el celular, las llaves, un recorte del diario, y debajo de todo eso tierra.
Sobre el piso y al pie del sillón: un par de zapatillas, los zapatos viejos, el par nuevo un poco mas alejado, como marcando diferencias sociales con el resto, una revista Ñ en el piso, los almohadones desparramados, una camisa sin estrenar, un pulóver abollado.
Ni siquiera las sillas escapan al desorden, ninguna permanece en línea con la mesa, y en ellas, una campera blanca colgada, una remera aplastada como si fuera un cojín.
Los libros parecen moverse por las noches, nunca aparecen donde creí dejarlos el día anterior, el televisor mudo y triste, mira hacia la mesa, ya no apunta hacia la cama deshecha.
Hay un par de manchas nuevas sobre la alfombra, una seguro que de whisky, la otra imprecisa, un celofán de cigarrillos, sobre la cajonera: una bolsa con ropa para donar, una hoja de periódico con frases celebres.
Una pila de compact descansa sobre la discriminada silla negra que se refugia en un rincón, en el bar: una botella de ron sin abrir otra de whisky a punto de fallecer.
No aparecen las lapiceras, parece que se han sumado al complot que me obliga al silencio.
Al pie de la cama, sobre el franco izquierdo si la vemos de frente cuatro libros; “París era una fiesta” de Hemingway, “Rimas y leyendas” de Gustavo Adolfo Bécquer, una antología poética y “ La Profanación” de Juan Carlos Iglesias y Claudio Negrete
Semejante desorden debe ser sin dudas un reflejo del alma, un indicio de quilombo interno.
Lo peor del caso es que ni siquiera tengo ganas de ordenar, en ningún momento se me cruzo por la cabeza poner orden, hacer limpieza, tirar, desechar lo inservible, destruir ese sub. mundo que existe sobre la mesa y recuperar su madera.
Como tampoco tengo ganas o fuerza o interés o agallas o como quieran llamarlo para dejar al descubierto ciertos vacíos internos y externos.
El aire varía sus aromas. Aveces huele a rutina, a pasos perdidos, a desorientación. Aveces a vicio, a cigarrillos encendidos uno tras otro, a densidad, a falta de luz natural, a ausencia. Y otras, huele a sahumerio, a jazmín ingresando por mi ventana, a montaña, a esperanza y sueños relucientes.
Y hay ruido, mucho ruido.
Ruido a silencio que aturde, ruido a ella en mi cabeza, ruido a sangre corriendo por las venas, ruido a canturreo de mi boca arreglando la habitación, ruido a nada... que aveces me hunde y aveces me salva.
jueves, 13 de agosto de 2009
Me voy y me llevo mi memoria,
mi modo de ser península de tu cuerpo,
aire de tu beso,
adiós y hasta nunca de tus olvidos.
Me voy y me llevo un rosario
que nunca aprendí a rezar,
mi modo difícil de sentir la lluvia,
de mirarte y perderme.
Me voy y me llevo este hueco azul en mi pecho,
mi manera de estar solo y temblar,
mi cuaderno inútil,
mi vientecito de nostalgia.
Me voy y me llevo una gubia
para escarbar en mi alma
tu nombre de luna,
tus sueños de madera.
Me voy y me llevo mi búsqueda
en cajones y retratos,
tu canto, alondra,
tu sed, desierto.
Me voy y me llevo mis regresos,
el murmullo de mil noches,
los sueños que todavía sueño,
palabras y cosas distraidas.
Me voy y me llevo
mi modo de estar triste,
de esperarte y buscarte,
de olvidarte y recordarte.
mi modo de ser península de tu cuerpo,
aire de tu beso,
adiós y hasta nunca de tus olvidos.
Me voy y me llevo un rosario
que nunca aprendí a rezar,
mi modo difícil de sentir la lluvia,
de mirarte y perderme.
Me voy y me llevo este hueco azul en mi pecho,
mi manera de estar solo y temblar,
mi cuaderno inútil,
mi vientecito de nostalgia.
Me voy y me llevo una gubia
para escarbar en mi alma
tu nombre de luna,
tus sueños de madera.
Me voy y me llevo mi búsqueda
en cajones y retratos,
tu canto, alondra,
tu sed, desierto.
Me voy y me llevo mis regresos,
el murmullo de mil noches,
los sueños que todavía sueño,
palabras y cosas distraidas.
Me voy y me llevo
mi modo de estar triste,
de esperarte y buscarte,
de olvidarte y recordarte.
De mi no queda mas
que este pedazito de ganas que se va,
mejor decir, que no esta,
se perdió, se esfumo
o se quedo sentada junto a ti
esperándome en viejos rincones
que no extraño pero necesito.
Fumaras nerviosa,
llenaras el vaso con mi botella
y pintaras con palabras mis paredes,
mientras tanto yo,
intentare torpe y urgente
decir lo que siempre digo,
sentir lo que nunca siento
si no estas viciando mi aire.
Distante y necesitado,
incapaz y ajeno
solo queda espacio
para frases y versos de otros
para una plegaria que grita:
"no te canses de esperarme"
Soy yo quien viaja hacia ti,
el que abre los brazos para recibirte,
el que te espera con el alma llena
de esas sensaciones que te gustan,
fumando paciente,
desenterrando penas y alegrías,
hurgando cielos y amaneceres.
pero tu...
tu no vienes a mi realidad
a mi desazón de ser mortal
sin tu dictado
a mi rutina de días largos y cansados
a mi río marrón de canciones y silencios
aquí estoy, ven a buscarme
el mar no tiene sentido si tu no estas.
que este pedazito de ganas que se va,
mejor decir, que no esta,
se perdió, se esfumo
o se quedo sentada junto a ti
esperándome en viejos rincones
que no extraño pero necesito.
Fumaras nerviosa,
llenaras el vaso con mi botella
y pintaras con palabras mis paredes,
mientras tanto yo,
intentare torpe y urgente
decir lo que siempre digo,
sentir lo que nunca siento
si no estas viciando mi aire.
Distante y necesitado,
incapaz y ajeno
solo queda espacio
para frases y versos de otros
para una plegaria que grita:
"no te canses de esperarme"
Soy yo quien viaja hacia ti,
el que abre los brazos para recibirte,
el que te espera con el alma llena
de esas sensaciones que te gustan,
fumando paciente,
desenterrando penas y alegrías,
hurgando cielos y amaneceres.
pero tu...
tu no vienes a mi realidad
a mi desazón de ser mortal
sin tu dictado
a mi rutina de días largos y cansados
a mi río marrón de canciones y silencios
aquí estoy, ven a buscarme
el mar no tiene sentido si tu no estas.
miércoles, 5 de agosto de 2009
EL ZAHIR
¡Que desastrosa sensacion, esta,
de no poder compararte con nada ni nadie!
No alcanzan las palabras para decirte...
¿para decirte que?
si no hay palabras
las perdí entre sombra y corazón.
Mis recuerdos están poblados
de cada centímetro de tus movimientos,
de aquellos momentos de amor cuerpo a cuerpo
y sin embargo eres indescriptible.
Cuando el alma me anuncio que llegabas
con amapolas en los labios
y anchas olas en el pecho,
sentí morirme sin muerte,
sentí que quedabas,
que sin tocarme
entrabas en el torrente de mi sangre.
Y tu miel honro mis manos.
Y mi pulso busco tu herbario.
Y tu anhelo durmió mi calma.
Y mi tacto labro tu cintura.
Ahora eres todo o casi todo.
Ahora eres el Zahir de mi vida.
El hambre que perdí por pensar en ti
El tiempo entero, sin fraccionar.
Bendito castigo.
Maldita bendición.
Solo espero la locura
que llegara cuando todo seas tu.
cuando centímetro,
cielo,
frasco,
foto
seas tu.
no hay lugar para nada mas
todo lo ocupas tu
mi Dios,
mi mundo,
mi Zahir.
de no poder compararte con nada ni nadie!
No alcanzan las palabras para decirte...
¿para decirte que?
si no hay palabras
las perdí entre sombra y corazón.
Mis recuerdos están poblados
de cada centímetro de tus movimientos,
de aquellos momentos de amor cuerpo a cuerpo
y sin embargo eres indescriptible.
Cuando el alma me anuncio que llegabas
con amapolas en los labios
y anchas olas en el pecho,
sentí morirme sin muerte,
sentí que quedabas,
que sin tocarme
entrabas en el torrente de mi sangre.
Y tu miel honro mis manos.
Y mi pulso busco tu herbario.
Y tu anhelo durmió mi calma.
Y mi tacto labro tu cintura.
Ahora eres todo o casi todo.
Ahora eres el Zahir de mi vida.
El hambre que perdí por pensar en ti
El tiempo entero, sin fraccionar.
Bendito castigo.
Maldita bendición.
Solo espero la locura
que llegara cuando todo seas tu.
cuando centímetro,
cielo,
frasco,
foto
seas tu.
no hay lugar para nada mas
todo lo ocupas tu
mi Dios,
mi mundo,
mi Zahir.
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