viernes, 31 de julio de 2009

Aparecieron otros labios para mimarme,
dos manos como palomas en reposo,
risas, versos y veranos nuevos,
cabellera de cobre, pupilas como esmeraldas.

Aparecieron uvas frescas en mi mesa,
una copa colmada de vino,
espigas, rosas y lunas en ríos,
piel de manzana, labios de almíbar.

Aparecieron horas nuevas y un "te amo",
lluvia que acaricia mi substancia,
besos, frutas y olas dulces,
pies de Geisha, voz de amanecer.

Aparecieron aromas puntuales,
sueños transparentes envueltos en versos,
auroras, alturas y estrellas en manojos,
pechos de azúcar, cintura de oro.

Aquí te quedas esplendida razón de mis días,
con tu soledad desnuda a mi lado,
acostumbrándote a mis luces y sombras,
a mis silabas que traen la primavera.

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