viernes, 24 de julio de 2009

LAS NUBES

Tanteo la mesa de luz. Sintió el frío del vidrio sobre sus dedos, tomo el atado de cigarrillos, el encendedor y apoyo el cenicero sobre su pecho. Con el brazo derecho detrás de la cabeza, calo hondo la primera pitada. Un suave mareo llego de repente, como quien descubre al levantarse de una silla que ha bebido demasiado.
su visión se nublo por unos instantes, en esa nebulosa vio desaparecer el plafón de la luz sobre su cabeza.
haciendo caso omiso a las advertencias de su cuerpo volvió a pitar largo y profundo, esta vez su visión, aun dañada por el recuerdo del descanso previo, recupero la claridad y reapareció sobre si, aquel plafón como un sol apagado en medio del cielo blanco de su habitación..
el humo denso que exhalaba se sostenía en el aire, danzando como un mar en calma por todo el cuarto. La luz semi dorada de un nuevo día, que sin pedir permiso entraba por las rendijas de la ventana, hicieron de aquel humo una visión fantasmal.
aquellas figuras amorfas poco a poco tomaron formas y aparecieron las caras de siempre. Las mismas caras que siempre veía en las nubes, en las sombras que dibujaban los arboles, en las cortezas de los troncos.
rostros con ojos escrutantes, vacíos o amenazantes. De narices aguileñas o achatadas, rostros que se desvanecían para formar otros, y estos, otros y otros.
¿quienes eran? ¿que significado escondía aquella sensacion de ver narices donde otros ven aviones? ¿de encontrar en toda figura sin forma alguna cara de frente o de perfil, con rasgos tan marcados y definidos que parecían dibujos hechos sobre un papel?
Poco importaban aquellas respuestas, toda la vida había convivido con esa sensacion. Siendo un niño, de cara al cielo, pasaba horas observando las nubes y en ellas descubría señores con sombreros, demonios, ángeles, chinos, caricaturas y ridículos peinados de señoras regordetas.
Para el, las nubes eran otra cosa.
Aparecían de vez en vez ocultando sus ideas, haciendo desaparecer la palabra exacta que quería expresar y que algunos escasos segundos de demora de sus dedos sobre el teclado hacia desvanecer para siempre.
las nubes aparecían aveces como fantasmas en su visión, como una ráfaga de algo inmaterial que busca llamar su atención, lográndolo aveces, sin que pueda definir su forma.
Aparece, aveces, un nubarrón de malos augurios , una opresión en el plexo que le da mala espina, intuiciones o tres o cuatro consecuencias de los tres o cuatro posibles procederes que siempre examina.
Aparecen nubes grises y permanentes en su memoria: "donde deje el alicate" "a quien cuernos le preste ese libro" esas nubes son como tormentas que se instalan sin que sople el viento de la certeza o la memoria que las ahuyente.
Aparecen nubes negras en sus arrebatos de mal humor, en su enojo casi diario, hasta que una ráfaga de tibia alegría las expulsa lejos.
El se acostumbro a convivir con sus nubes, hay días en que se sorprende cuando no aparecen, porque no pensó lo suficiente, porque no escribió, porque perdió la intuición, porque no busco nada perdido, o porque, como sucede en contadas ocasiones, habrá sido perfecto el día vivido.
Es raro, es muy raro, a tal punto de que se cree escasamente cuerdo, porque hay nubes, siempre hay nubes, pero nunca en el cielo.
En el cielo solo hay rostros, rostros de los mas variados. Rostros de personas, rostros de animales, rostros que se desvanecen y forman otros rostros. Rostros decapitados, rostros que flotan sin cuerpos. Rostros blancos y grises que, como en una eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad, se enfrentan y se miran con desprecio y odio.
en el cielo que siempre ve nunca hay arboles, delfines, cruces, aviones o nubes... solo rostros que nadie mas ve.
Y pasan helicópteros que son devorados por las bocas gigantes que tienen sus rostros, y pasan pajaros que pinchan los ojos.
ya no se pregunta porque están allí, ni que es lo que buscan. Piensa que algún día llegara el momento de hacerlo. Por ahora, y desde siempre, no deja de ser un juego que aplaca el aburrimiento en las horas muertas, cuando el viento arrastra por el cielo sus rostros de algodón.

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