Ya la noche me quita
los colores y las formas
queda solo una idea de las cosas
y un fantasma en el espejo.
En la penumbra
retomo el habito del verso,
no son voces, ni silencios,
ni palabras
solo sombras y recuerdos.
Palabras encadenadas
se arrastran por el papel,
extensiones de pálidas letras
que forman la oscura primavera
de la niña de mis sueños.
Tu, herida mía,
cuando la noche cruza por el mundo
destapando estrellas
y cubriendo de rocío
a los corazones mas hambrientos,
entra tu luz a medio sueño
explorando nuevamente
los rincones de mi alma
a los que solo tu llegaste,
y atolondrado de amor
me dejas un fuego palpitante,
la enfermiza constancia
de amarte siempre.
Tu, isla mía,
donde me refugio, sintiéndome aveces,
desheredado del mundo,
indeleble pensamiento
que no conoce el peso del olvido.
Marcas crueles que me dejan
tus ojos invisibles,
tu ausente presencia
a la que se acostumbra
con paciencia mi dolor.
Tu, lágrima mía,
abro la puerta de tu recuerdo
y penetra tu perfume
a sol cayendo sobre el mar,
a poesía y bandera,
a beso con sal.
Eres un rumor cada vez mas distante
algo que se aleja... quedandose,
palabras muertas en mis labios
mas nunca en el verso.
Estas aquí, sucedes y te vas.
Te vas y te quedas
inexorablemente.
jueves, 23 de julio de 2009
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